¿Alguna vez has sentido que, tras alcanzar una meta largamente anhelada, la satisfacción dura apenas unos instantes antes de volver a la misma insatisfacción de siempre? Vivimos en una cultura profundamente orientada al logro, donde se nos enseña que seremos felices cuando consigamos el trabajo ideal, la pareja perfecta o la estabilidad económica. Sin embargo, la psicología contextual demuestra que esta obsesión por acumular metas futuras suele ser la fórmula perfecta para la frustración crónica.
En este artículo exploramos la diferencia fundamental entre valores y objetivos según la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), tomando como punto de partida una lección del actor Antonio Banderas sobre el éxito real y enriqueciéndola con la evidencia clínica de la psicología contextual.
La definición de éxito según Antonio Banderas: El "cómo" frente al "qué"
En una entrevista, Antonio Banderas resumió lo que a la psicología clínica le ha llevado décadas formular: «Para mí el éxito es hacer lo que quieres hacer como quieres hacerlo. No hay más».
Esta frase aparentemente sencilla encierra el núcleo conceptual de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). La mayoría de las personas enfocan su vida exclusivamente en el «qué» (los resultados concretos y futuros), olvidando el «cómo» (la cualidad de sus acciones en el presente).
Mientras que las metas se centran en acumular logros externos, el verdadero éxito psicológico reside en la cualidad con la que nos conducimos en el aquí y el ahora.
¿Qué es un objetivo? El destino final con fecha de caducidad
En el marco de la Terapia ACT, un objetivo es un resultado concreto, delimitado y cuantificable que se pretende alcanzar en el futuro. Es un destino que se puede tachar de una lista de pendientes, como comprar una casa, obtener un título universitario o casarse.
Los objetivos poseen características muy específicas:
- Tienen un punto final: Una vez alcanzados, la tarea concluye y la meta se extingue.
- Dependen de factores externos: No están 100% bajo nuestro control directo. Puedes prepararte perfectamente para una entrevista de trabajo, pero la decisión final depende de terceros.
- Pertenecen al futuro: Mientras persigues un objetivo, vives en un estado continuo de búsqueda, esperando a que el resultado ocurra para permitirte sentir satisfacción (Harris, 2021).
Cuando una persona organiza su vida exclusivamente en torno a objetivos emocionales o de resultado, cae fácilmente en la trampa del control y la evitación experiencial, creyendo equivocadamente que «primero debo sentirme bien o lograr X para después empezar a vivir» (Wilson & Luciano, 2002).
¿Qué es un valor? La brújula que orienta el viaje
A diferencia de los objetivos, un valor en ACT se define como una cualidad global deseada de la acción en curso. No es algo que se posea, un trofeo que se guarde en una vitrina ni una meta que se pueda tachar (Harris, 2021). Los valores representan los deseos más profundos del corazón sobre cómo quieres comportarte, cómo deseas tratarte a ti mismo, a los demás y al mundo que te rodea.
Para comprender la diferencia, la Terapia ACT utiliza la metáfora de la brújula:
- Viajar hacia el Oeste es un valor. No importa cuántos kilómetros camines, el Oeste jamás se acaba; siempre puedes seguir dando pasos en esa dirección.
- Las montañas o los ríos que cruzas en el camino son los objetivos. Subir una montaña específica es un logro concreto, pero la brújula (el valor) es lo que le da sentido a la travesía.
Los valores son direcciones de vida elegidas libremente. No requieren justificación ni responden a reglas impuestas por la cultura o la aprobación ajena; son elecciones conscientes que se renuevan momento a momento (Wilson & Luciano, 2002).
La metáfora del huerto: Cultivar acciones comprometidas en el presente
¿Qué ocurre cuando fijas tu objetivo en algo que no depende de ti? Por ejemplo, desear que tu pareja te demuestre amor constantemente. La psicología clínica advierte que intentar forzar los sentimientos o conductas de otra persona genera frustración y conflicto constante.
En ACT se recurre a la metáfora del huerto y el jardinero: Un jardinero no puede empujar las plantas para que crezcan más rápido ni exigirle a la tierra que dé fruto inmediatamente. Lo que sí está bajo su control directo es labrar la tierra, regar, quitar las malas hierbas y sembrar las semillas.
De la misma forma, aunque no puedas garantizar que los demás respondan exactamente como deseas, sí puedes elegir sembrar en cada momento actos de cariño, respeto, escucha y amabilidad. Esas acciones comprometidas son las semillas de una vida con propósito (Harris, 2021; Wilson & Luciano, 2002).
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Cómo aplicar la Terapia ACT en tu vida cotidiana
- Identifica tu «Cómo»: Antes de iniciar una actividad o enfrentarte a una conversación difícil, pregúntate: «¿Con qué cualidad personal quiero actuar aquí?» (p. ej., con paciencia, asertividad, curiosidad o amabilidad).
- Diferencia metas de valores: Si tu meta es «llevarme bien con mi familia», reconoce que el valor subyacente es «ser una persona cercana y comprensiva». La meta puede complicarse, pero el valor siempre está disponible en tu siguiente paso.
- Toma el control de tus pies: Aunque tu mente genere dudas o pensamientos de dificultad, puedes aprender a hacer espacio a esas sensaciones incomodas (aceptación y defusión) mientras das pasos hacia lo que verdaderamente te importa (Harris, 2021).
Como concluye Antonio Banderas, el éxito no es la meta futura a la que aspiras llegar, sino la fidelidad a tus valores en cada paso que das hoy.
Vídeo de YouTube
Puedes ver el vídeo original en el canal PSYCOlógicaMENTE:
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Referencias:
- Harris, R. (2021). Hazlo simple: Una guía de iniciación a los conceptos básicos de la ACT (terapia de aceptación y de compromiso) y muchas más cosas (2.ª ed.). Ediciones Obelisco.
- Wilson, K. G., & Luciano Soriano, M. C. (2002). Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): Un tratamiento conductual orientado a los valores. Ediciones Pirámide.



