Existe una fase del sueño en la que tu cuerpo queda paralizado pero tu cerebro se mantiene sorprendentemente activo. Es la etapa donde se producen los sueños más vívidos, y, aunque pasamos varias horas en ella cada noche, sigue siendo una de las grandes desconocidas para muchas personas. A lo largo de este artículo descubrirás qué es el sueño REM, cómo se identificó por primera vez, y sobre todo, para qué sirve y por qué es una pieza esencial para nuestra salud mental y emocional.
¿Qué es el sueño REM y cómo se descubrió?
El término sueño REM proviene del inglés Rapid Eye Movement, es decir, movimientos oculares rápidos. Esta fase del sueño fue descubierta en 1953 por Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman, quienes observaron que durante ciertos periodos del sueño los ojos de los participantes se movían de forma rápida bajo los párpados, a pesar de estar completamente dormidos.
Poco después, William Dement confirmó un hallazgo crucial: cuando se despertaba a las personas durante estos periodos de sueño REM, recordaban sueños vívidos hasta en un 80% de los casos. Esto revolucionó la investigación del sueño, abriendo una ventana directa al mundo subjetivo de los sueños (Dement, 1978).
¿Por qué soñamos? El vínculo entre el sueño REM y los ensueños
Una de las mayores sorpresas para los científicos fue descubrir que la mayoría de los sueños narrativos, ricos en historias, emociones intensas y situaciones surrealistas, ocurren durante el sueño REM. Esta fase se caracteriza por una gran activación cerebral, similar a la vigilia, pero con el cuerpo completamente relajado. Al comparar con otras fases del sueño, se observó que los sueños en fase NREM suelen ser mucho más simples, generalmente limitados a sensaciones sueltas o imágenes aisladas, sin esa complejidad narrativa que caracteriza al REM.
Recuerdo que cuando estudiaba psicología, un profesor nos dio una regla mnemotécnica muy sencilla y útil que me ha acompañado desde entonces. Decía así: “REM: Remember”, es decir, cuando sueñas durante la fase REM, te acuerdas de los sueños. Y luego añadía: “NO REM: No Remember”, porque en la fase NREM no se suelen recordar los sueños o apenas quedan recuerdos fragmentarios. De hecho, nos insistía en que si alguna vez nos despertábamos recordando vívidamente un sueño, lo más probable era que estuviéramos justo en fase REM al despertar. Esta estrategia me ayudó mucho a comprender de forma práctica lo que después la investigación científica ha confirmado.
Un dato clave que avala esta idea:
Cuando se despierta a una persona durante sueño NREM, solo un 7% recuerda haber soñado; sin embargo, durante el sueño REM el porcentaje asciende al 80% (Goodenough et al., 1959). Por eso, los especialistas coinciden en afirmar que el sueño REM es la principal fuente de nuestros recuerdos oníricos y la fase más vinculada a la experiencia subjetiva de soñar.
Creencias populares sobre los sueños… y lo que dice la ciencia
El mundo de los sueños siempre ha estado rodeado de mitos. La ciencia ha permitido comprobar qué creencias son ciertas y cuáles no:
¿Los estímulos externos pueden aparecer en sueños? Sí. Si, por ejemplo, te rocían con agua mientras sueñas, es muy probable que ese estímulo se integre en la historia de tu sueño (Dement y Wolpert, 1958).
¿Los sueños duran solo segundos? No. Los sueños duran un tiempo similar al de la vida real. Estudios comprobaron que si despiertas a una persona a los 5 o 15 minutos de REM, puede reconocer con bastante exactitud el tiempo soñado (Dement y Kleitman, 1957).
¿Hay gente que no sueña? Casi todos soñamos. Las personas que dicen no soñar también tienen ciclos REM y pueden recordar sueños si se les despierta en ese momento (Goodenough et al., 1959).
¿Las erecciones indican sueños sexuales? Tampoco es así. Las erecciones en sueño REM son fisiológicas, incluso en bebés, y no necesariamente reflejan contenido sexual (Karacan et al., 1966).
¿Sonambulismo y hablar dormido ocurren en REM? No. Ocurren más frecuentemente durante el sueño profundo NREM, especialmente en la fase 4, cuando la actividad muscular está preservada.
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Sueños y psicología: ¿mensajes ocultos o simple neuroquímica?
A lo largo de la historia, los sueños han fascinado a la humanidad, interpretándose como mensajes misteriosos, predicciones o advertencias. Civilizaciones antiguas los consideraban profecías o avisos divinos. Esta concepción fue evolucionando hasta que, a finales del siglo XIX, Sigmund Freud dio un giro decisivo a la comprensión de los sueños desde la psicología.
Freud defendía que los sueños no eran aleatorios ni producto de la casualidad, sino manifestaciones simbólicas de deseos reprimidos, muchas veces de carácter sexual o agresivo. Según su teoría, el contenido del sueño se divide en dos niveles:
El contenido manifiesto, lo que recordamos al despertar.
El contenido latente, los verdaderos deseos ocultos que, según Freud, el inconsciente disfraza mediante símbolos para que no resulten perturbadores al soñador.
Sin embargo, la neurociencia moderna ha cuestionado fuertemente esta perspectiva. Actualmente, no existen pruebas científicas sólidas que respalden la idea de que los sueños funcionan como mensajes cifrados del inconsciente o que siempre escondan deseos reprimidos. Aunque pueden reflejar inquietudes o emociones, los mecanismos que generan los sueños parecen estar más relacionados con procesos neurobiológicos que con símbolos psicológicos.
¿Qué explica la ciencia actualmente?
La explicación más aceptada es la teoría de activación-síntesis, propuesta por Allan Hobson en 1989. Esta teoría parte de un descubrimiento clave: durante el sueño REM, el tronco del encéfalo se activa de forma espontánea y envía una cantidad enorme de impulsos eléctricos y señales aleatorias hacia la corteza cerebral, la región más avanzada de nuestro cerebro.
La corteza, al recibir esta estimulación desorganizada, hace lo que mejor sabe hacer: intenta darle sentido a lo que percibe. Así es como se generan los sueños, no como mensajes ocultos, sino como el resultado del esfuerzo del cerebro por construir una historia coherente a partir de información caótica.
Por ejemplo, durante el sueño REM pueden activarse áreas sensoriales sin un patrón lógico: se activan zonas relacionadas con imágenes visuales, emociones, sonidos o movimientos… sin conexión directa con recuerdos específicos. El resultado es que el cerebro teje historias, muchas veces surrealistas o incoherentes, porque intenta organizar un flujo de información aleatoria.
Una conclusión interesante:
Esto explica por qué los sueños a menudo contienen saltos de tiempo, cambios bruscos de escenario, o situaciones imposibles. No es porque nuestro inconsciente esté enviando mensajes cifrados, sino porque nuestro cerebro, privado de estímulos sensoriales externos, improvisa historias con lo que tiene disponible durante el sueño REM.
Por tanto, desde la perspectiva actual, los sueños sí pueden reflejar emociones o preocupaciones, pero no son claves secretas del inconsciente, sino más bien un fenómeno neurobiológico con elementos de interpretación simbólica solo en ciertos contextos clínicos, pero no como regla general.
¿Para qué sirve el sueño REM? Funciones clave para el cerebro
El sueño REM es mucho más que una simple “fábrica de sueños”; cumple funciones fundamentales para la salud mental y el equilibrio psicológico. Lejos de ser un proceso pasivo, durante REM el cerebro se activa intensamente y realiza tareas esenciales para nuestro bienestar emocional y cognitivo. A continuación, te explico las funciones más importantes que cumple esta fase del sueño, según los estudios neurocientíficos más recientes.
1. Consolidación de la memoria emocional
Uno de los papeles más estudiados del sueño REM es su participación en la consolidación de la memoria, especialmente la memoria emocional. Cuando vivimos experiencias que nos impactan —ya sea de forma positiva o negativa—, durante REM el cerebro procesa esa información para almacenarla correctamente y eliminar el exceso de carga emocional.
Por ejemplo, si tienes un día estresante o lleno de emociones fuertes, tu cerebro utilizará el sueño REM para reprocesar esas vivencias, ayudando a que al día siguiente puedas recordarlas sin sentir el mismo nivel de malestar. Esto facilita el aprendizaje emocional y la adaptación (Walker & Stickgold, 2006).
2. Regulación emocional y reducción del estrés
Durante el sueño REM, se activan áreas cerebrales clave para las emociones, como la amígdala y el cortex prefrontal. Este proceso permite que al despertar nos sintamos más calmados, estables y emocionalmente regulados.
Por eso, cuando dormimos mal o tenemos menos sueño REM, es más habitual sentirse irritable o emocionalmente desbordado. El sueño REM actúa como un “equilibrador emocional”, ayudando a procesar situaciones difíciles y mantener el bienestar psicológico. Es un mecanismo natural de autocuración emocional.
3. Simulación de amenazas para entrenar la mente
Una teoría muy interesante, conocida como la teoría de la simulación de amenazas, fue propuesta por Antti Revonsuo (2000). Según esta hipótesis, el sueño REM no solo consolida recuerdos, sino que permite al cerebro simular amenazas o situaciones difíciles para entrenar respuestas adaptativas.
Por ejemplo, soñar que huyes de un peligro podría ser un reflejo de este entrenamiento nocturno, preparando tu sistema nervioso para reaccionar mejor ante situaciones similares en la vida real. Desde esta perspectiva evolutiva, el sueño REM habría sido clave para la supervivencia humana.
4. Plasticidad cerebral y creatividad
Finalmente, el sueño REM favorece la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones neuronales y reorganizarse. Esta plasticidad es esencial para:
Aprender nuevas habilidades.
Desarrollar creatividad y encontrar soluciones innovadoras.
Adaptarse a cambios o nuevas experiencias.
Muchos artistas, escritores y científicos reconocen haber encontrado ideas creativas tras un buen descanso. De hecho, durante REM se favorece el pensamiento divergente, permitiendo al cerebro combinar ideas o conceptos de formas nuevas.
¿Qué es mejor, sueño profundo o REM?
Ambas fases son esenciales. El sueño profundo (NREM, especialmente fase 3) es clave para la recuperación física y el mantenimiento del sistema inmune, mientras que el sueño REM es fundamental para el bienestar psicológico, emocional y cognitivo. Un buen descanso debe incluir un balance adecuado de ambas fases.
¿Cuántas horas REM hay que dormir?
La duración del sueño REM varía durante la noche. En una noche típica de 7-8 horas, pasamos alrededor de 90-120 minutos en sueño REM, distribuidos en varios ciclos. Las fases REM son más largas en las últimas horas de la noche, lo cual explica por qué dormir menos de 6 horas afecta más a la memoria y al estado emocional.
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Referencias bibliográficas
Dement, W. E. (1978). Some must watch while some must sleep. Stanford Alumni Association.
Hobson, J. A. (1989). The dreaming brain. Basic Books.
Walker, M. P., & Stickgold, R. (2006). Sleep, memory, and plasticity. Annual Review of Psychology, 57(1), 139-166.



