¿En qué consiste el Modelo Bifactorial de Mowrer?

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¿Por qué muchas personas siguen evitando lo que temen, incluso cuando ya no hay una amenaza real? ¿Qué hace que una fobia se mantenga durante años, a pesar de que el peligro nunca llega a materializarse? El Modelo Bifactorial de Mowrer ofrece una explicación clave para entender este fenómeno, profundamente relacionado con la ansiedad, las conductas de evitación y los mecanismos de aprendizaje emocional. Pero su impacto va mucho más allá…

Fundamentos del Modelo Bifactorial de Mowrer

Propuesto por O. Hobart Mowrer en 1947, este modelo surge como una evolución del conductismo clásico. A diferencia del enfoque original de Watson y Rayner, centrado exclusivamente en el condicionamiento clásico, Mowrer introduce un segundo componente esencial: el condicionamiento operante. De ahí el término “bifactorial”.

Según esta teoría, el mantenimiento de respuestas de miedo y evitación no puede explicarse solo por la asociación entre estímulos (como proponía Pavlov), sino también por la función que cumple la conducta en reducir ese miedo.

Las dos fases del modelo

Primera fase: Condicionamiento clásico

Todo comienza con una asociación. Un estímulo inicialmente neutro (EN), que no genera ninguna respuesta emocional, se presenta junto a un estímulo aversivo (EA) que sí provoca miedo o malestar. Tras repetidas asociaciones, el estímulo neutro se convierte en un estímulo condicionado (EC), capaz de provocar por sí solo una respuesta de miedo.

Ejemplo clínico sencillo:
Imagina que una persona sufre un ataque de ansiedad mientras viaja en ascensor. Aunque antes no sentía nada especial hacia los ascensores, ahora empieza a asociarlos con esa experiencia angustiante. Así, el ascensor —que era un estímulo neutro— pasa a generar ansiedad anticipatoria, convirtiéndose en un estímulo condicionado (EC).


Segunda fase: Condicionamiento operante

Una vez que el estímulo ya provoca miedo, entra en juego la segunda fase: el condicionamiento operante. La persona empieza a evitar el estímulo temido —por ejemplo, deja de usar ascensores— y al hacerlo, siente alivio inmediato.

Ese alivio funciona como un refuerzo negativo: no se añade algo agradable, sino que se elimina algo desagradable (la ansiedad). Como consecuencia, la conducta de evitación se consolida. Cuanto más evita, más tranquilo se siente… y más probable es que siga evitando.

Este ciclo de evitación tiene un efecto paradójico:
Aunque a corto plazo disminuye el malestar, a largo plazo impide que el miedo se extinga, porque la persona nunca llega a comprobar que el estímulo (el ascensor, en este caso) no representa un peligro real.

Este patrón es clave para entender por qué las fobias y los trastornos de ansiedad pueden mantenerse durante años incluso sin que vuelva a ocurrir el evento traumático original.

La paradoja neurótica

Uno de los aportes más valiosos del Modelo Bifactorial de Mowrer es que permite comprender lo que se conoce como la paradoja neurótica, un fenómeno clave en muchos trastornos de ansiedad.

A simple vista, podría parecer que evitar aquello que nos da miedo es una buena estrategia. Si alguien siente ansiedad ante los perros, evitar pasar por donde hay uno debería reducir su malestar. Y en efecto, a corto plazo lo consigue. Pero aquí es donde aparece la paradoja:

cuanto más evita, más se mantiene —e incluso se intensifica— el miedo.

¿Por qué ocurre esto? Porque la evitación bloquea el proceso natural de habituación. La habituación es un mecanismo de aprendizaje por el cual, al exponernos repetidamente a un estímulo sin consecuencias negativas, nuestro sistema nervioso se adapta y el miedo disminuye. Pero si nunca me expongo, nunca aprendo que el estímulo no es peligroso.

Además, la persona siente un alivio inmediato cada vez que evita el estímulo temido, lo cual actúa como refuerzo negativo. Este alivio temporal se convierte en un potente “premio” que mantiene y fortalece la conducta de evitación.

Ejemplo ilustrativo:
Una mujer que evita viajar en metro porque una vez tuvo una crisis de ansiedad. Cada vez que decide ir andando o en taxi, su ansiedad disminuye. Sin embargo, con el tiempo, empieza a temer no solo el metro, sino también estaciones, túneles o incluso conversaciones relacionadas con el transporte público. El miedo se expande.
Esta extensión y resistencia del miedo, provocada por la evitación, es precisamente la paradoja neurótica:

lo que parece ayudar, en realidad alimenta el problema.

Este mecanismo explica por qué muchas personas viven atrapadas durante años en círculos de ansiedad, sin haber tenido nuevas experiencias traumáticas, pero sostenidas por la evitación sistemática del malestar.

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Aportaciones y Críticas al Moelo Bifactorial de Mowrer

Aportaciones teóricas clave del modelo

  • Introduce el papel de la funcionalidad de la conducta (no solo qué hacemos, sino para qué lo hacemos).

  • Da base al desarrollo de técnicas de exposición en terapias conductuales.

  • Permite comprender trastornos de ansiedad complejos, donde el miedo no se extingue a pesar del paso del tiempo.

  • Establece una relación entre condicionamiento emocional y refuerzo negativo.


Críticas y limitaciones

Aunque fue un gran avance para su época, este modelo no está exento de críticas:

  • Ignora factores cognitivos: no tiene en cuenta pensamientos, creencias o interpretaciones del sujeto.

  • No explica del todo bien por qué persisten conductas evitativas cuando no hay refuerzo inmediato claro.

  • Tiene limitaciones en contextos clínicos complejos, donde intervienen procesos internos no observables.

En este sentido, modelos más actuales, como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) o la Terapia Metacognitiva, han ampliado su marco para incorporar procesos como la evitación experiencial o la metacognición.

Implicaciones actuales en la terapia psicológica

El Modelo Bifactorial de Mowrer sigue siendo la base de muchas intervenciones clínicas, especialmente en:

  • Terapias de exposición gradual o con prevención de respuesta.

  • Diseño de protocolos contra el miedo condicionado o el pánico.

  • Intervenciones en fobias específicas, TOC o TEPT, donde la evitación juega un papel central.

Además, ha sido clave para entender el poder del refuerzo negativo en el mantenimiento de síntomas, y para diseñar intervenciones orientadas a romper ese ciclo.

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Referencias
  • Mowrer, O. H. (1947). On the dual nature of learning—a re-interpretation of “conditioning” and “problem-solving”. Harvard Educational Review, 17(2), 102–148.

  • Bouton, M. E. (2007). Learning and Behavior: A Contemporary Synthesis. Sinauer Associates.

  • Barlow, D. H. (2002). Anxiety and Its Disorders: The Nature and Treatment of Anxiety and Panic. Guilford Press.

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